
Me cuesta asimilar todas las sensaciones sentidas ante ese blanco paisaje.
Soy de tierras en que la nieve lo presenta cuando pasa tiempo y se ensucia por el trasiego humano.
De camino a las minas, sentada al lado de la que presentaría la actividad a nuestros alumnos y alumnas, conversé mientras aprecié un paisaje que me remontaba a esos viajes hacía las pistas de esquí.
La montaña de sal nos engullía.
Trabajos a tal profundidad que ahogaron mis sentido estético de las cosas.
No hice fotografías en el interior.
Santuario de la esclavitud de asalariado.
ASALARIADO, curiosa palabra en las manos de quienes arrancaron a esa tierra el oro del pasado.
Cuantas almas quebradas en esas galerías.
Cuantos sueños enlodados.
Trabajaban a 50 grados.
De eso no hace tantos años.
Es la cruz de la moneda.
La pagamos la mayor parte de los humanos.
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