Gilberto camina apresuradamente por las calles de su barrio necesita llegar a su residencia antes de que se vaya la persona que lo tiene emocionalmente trastornado desde que la conoció en una reunión familiar. Se trata de una hermosa mujer muy joven amiga de su esposa y que vive a cincuenta metros de su residencia, la dama vive con su esposo y sus dos pequeños hijos, el mayor de tres años y un bebe de apenas seis meses de nacido.
Gilberto, un hombre de cincuenta y cinco años, odontólogo de profesión que contrajo matrimonio con Cecilia, hace más de treinta años, muy serio y responsable, miembro de la "sociedad de la moral y las buenas costumbres" de su barrio, religioso hasta la "médula" de sus huesos, asiste a la misa de cinco de la mañana todos los domingos y obviamente recibe la sagrada comunión… además es conocido por sus amigos como una persona ultra conservadora en su forma de vivir y actuar, padre de tres hijos, dos ya mayores de edad y uno de cinco años que se les "coló" a última hora sin que los esposos se dieran cuenta -lo contaba a sus amigos muerto de la risa- la bella vecina era realmente espectacular; además de bonita y divertida se vestía elegantemente no se le notaba para nada que hubiera dado a luz a dos hijos, su esposo trabajaba más de quince horas diarias y por lo tanto permanecía mucho tiempo en su casa; prácticamente la única compañía ocasional era Cecilia su vecina y amiga.
Desde el mismo momento en que Gilberto la vio se sintió atraído por la hermosa joven, ella también quedo impresionada, le parecía un hombre interesante y muy detallista con su esposa -todos los días se aparecía con chocolates o flores para la esposa- y de paso le entregaba algún detalle a su linda vecina, cosa que a su marido jamás se le hubiera ocurrido, esto realmente le gustaba y lo disfrutaba, por eso la visitas en horas de la tarde se cumplían como un ritual diario.
Un día a Gilberto lo traicionó la pasión que sentía por su bella vecina, a hurtadillas se le fue acercando y en un descuido le dijo susurrante al oído…te espero mañana en mi consultorio ¡temprano!
¡Listo! contesto con coquetería la muchacha.
Puntualmente al otro día cumplió la cita; Gilberto la esperaba impacientemente.
-Hola… ¿Cómo estás? fue el saludo del asustado Gilberto.
-Bien gracias… lentamente avanzo hacia él y le dio un tímido beso en la mejilla, el suave olor de su perfume fue como si recibiera una descarga eléctrica directo a su corazón… casi queda paralizado, su corazón latía rápidamente… sin saber como la abrazo y la beso en la boca, fue un largo y apasionado beso, que sellaba la mutua atracción que la" bella" y la "bestia" sentían.
El romance se prolongo por más de dos meses, las citas clandestinas eran diarias, la joven mujer se las arreglaba para que alguna vecina cuidara sus hijos, el odontólogo cancelo toda actividad profesional en las horas de la mañana, pues las citas con su amada eran en ese horario, la pasión era evidente, pero la relación no pasaba a "mayores" por los perjuicios morales que no los dejaban actuar.
Un día salieron a almorzar, se tomaron algunas copas de vino, Gilberto ardía en pasión por su amada y sin pensarlo le propuso que se fueran a vivir juntos; él renunciaría a todo con tal de estar a su lado, hacerla suya y compartir sus vidas, la incauta dama un poco sorprendida y asustada por lo que oía, le repetía…no, no podemos ¡así tan de repente!
Pero… igual, la sangre le ardía, la pasión era más fuerte que sus fuerzas; cayó rendida en sus brazos.
Gilberto desde aquel día andaba como en la luna, ya no tenía más tiempo que para pensar en la forma de organizar todo para irse de su hogar, repartir los bienes con su esposa, liquidar la sociedad del consultorio odontológico con su colega y entrañable amigo Manuel, así que lo cito para comunicarle su decisión de retirarse de la actividad profesional ya que viajaría al exterior por un tiempo.
Se reunieron y desde luego el primero en hablar fue Gilberto. Le contó la verdad de su situación, estaba perdidamente enamorado de una joven y bella mujer, la solución tomada era viajar al exterior juntos.
-Es que te has vuelto loco…grito Manuel ¿como así que vas a dejar a tu esposa, y a votar toda tu vida por algo que es muy incierto?
-Y lo peor y más grave aún; esa muchacha podría ser tu hija… además de ser casada y con hijos pequeños, definitivamente es una ¡locura! Estás loco de remate.
-¿Dónde quedan los principios morales que tanto predicas?
-Gilberto, escuchaba atentamente cada palabra de su colega y amigo, al fin le contesto,
-Mira mi hermano; yo todavía me siento joven y se que puedo empezar una nueva vida con ella, yo se que me quiere; tal vez no me ame pero…me amara, de eso puedes estar seguro.
No valieron los consejos, ni las reflexiones de su viejo amigo, la decisión estaba tomada, esa noche hablaría con su esposa, en los próximos días repartiría todos sus bienes y se marcharía a vivir a otro país con su amada.
Al llegar a su residencia, sentía angustia, pena de revelar su decisión…qué era irreversible, se sentó en su silla y llamo a su esposa.
-Cecilia, tengo que comunicarte algunas decisiones que he tomado y que van a cambiar nuestras vidas a partir de hoy…son algo duras pero creo que es lo mejor para los dos…para toda la familia.
-Al verlo tan solemne y asustado, Cecilia, pensó que estaría enfermo y muy grave.
-¿Qué es lo que te está pasando? le pregunto muy angustiada.
-Bueno Cecilia, tú sabes que todo en la vida tiene un principio y un final…que siempre nos prometimos decirnos la verdad por dura que fuera.
-Tengo algo muy importante que decirte; me voy... de tu lado para siempre, iré a vivir al exterior, a partir de este momento me separo de ti definitivamente, pues estoy perdidamente enamorado de otra mujer, y creo que antes de faltarte mejor me voy.
-A la pobre mujer casi le da un infarto, ¿Cómo así que se va después de treinta años de matrimonio?
- ¿Qué tal eso de andar enamorado de otra mujer?
-¿En qué momento le falle? se preguntaba.
-¿Y ha qué horas la conoció y se enamoró?
-Las preguntas, iban y venían lógicamente…no tenían respuesta alguna, Gilberto sólo la escuchaba y no respondía…su silencio era más que evidente, él hombre tenia su guardado…-
Después de muchos lamentos, insultos lágrimas y reproches, Cecilia, acepto lo que su marido proponía; se quedaría ella con la mayor parte de los bienes del matrimonio y él tomaría lo de algunas inversiones y la venta del consultorio que tenia desde hace muchos años.
Pasaron dos meses en los que Gilberto empleo cada día en superar cada detalle de su partida, el arreglo económico con su esposa lo mismo que el traspaso de los negocios a su socio, así quedaría libre para emprender su aventura romántica, sólo quedaba por solucionar la forma como Patricia dejaría a su familia; este si era realmente un problema muy delicado dado que sus hijos eran muy pequeños y el esposo seguramente no iba permitir que ella se fuera así…como así no más.
Miguel el esposo de Patricia, era un buen hombre, contador de profesión, serio en su trabajo, desde que contrajo nupcias con su joven esposa, asumió su papel con mucha responsabilidad, además de laborar de tiempo completo con el gobierno, sus horas libres la dedicaba a llevar asesorías en forma independiente, esto le permitía sostener su hogar con muchas comodidades, pero… por andar trabajando no le quedaba mucho tiempo para dedicarle a su familia, esto era la discusión de cada día , pues cuando no tenia auditorías fuera de la ciudad eran las reuniones de trabajo, en estás condiciones prácticamente casi no llegaba sino a dormir.
Fue así como que Patricia decidió que le llevaría sus hijos a su madre y le pediría que los cuidara durante el tiempo que estuviera ausente; no hablaría nada con su esposo.
Sin decir palabra alguna, un lunes cada uno salió de su residencia como un fantasma en retirada, se encontraron en el aeropuerto, allí tomarían un vuelo que los llevaría a la ciudad de Miami.
Los primeros días de su "luna de miel" la pasaron relativamente bien, pues además de darle rienda suelta a la pasión carnal que los atraía mutuamente, se dedicaron a pasear por los sitios más hermosos de la ciudad, pero…Patricia no estaba muy tranquila pues pensaba mucho en sus dos pequeños hijos que había dejado al cuidado de su madre, la conciencia le remordía.
Pasaron los días y las cosas se calmaban emocionalmente, pero...el dinero se agotaba, el paseo se tornaba ya un poco lento y bochornoso.
Para Gilberto venia el reto de organizar su nueva vida al lado de la joven mujer que ya daba muestras de cansancio y mucho nerviosismo, lo único que se le ocurría era conseguir un trabajo, pero no tenia permiso para hacerlo pues sólo les habían autorizado visado de turismo por seis meses.
En esas condiciones no les quedaba más remedio que regresar y organizarse nuevamente en Bogotá donde Gilberto contaba con algunos bienes de fortuna y muchos amigos que le ayudarían sin hacer preguntas indiscretas, al regreso los nervios de Patricia se alteraron de tal modo que tuvo que ser internada en un hospital psiquiátrico para ser tratada, pues no paraba de llorar y pensar en sus pequeños hijos; inicialmente los busco y trato de estar con ellos, pero jamás le permitieron verlos, era demasiado el resentimiento de su familia por la forma en que abandonó a sus hijos y al esposo.
Está situación le causaba un dolor terrible y la desquicio por completo, al punto que lo médicos optaron por aislarla por un tiempo prudencial.Mientras Patricia estaba interna en el hospital; Gilberto trato de volver a tener contacto con sus hijos y la familia, pero casi fue recibido con la puerta en las narices ¡ni le hablaron! el disgusto de cada miembro era total, en esas solo le quedaba su viejo amigo Manuel quién lo recibió de nuevo, no sin antes recriminarlo duramente por su conducta, se podría decir que la soledad era su nueva compañera.
Durante un buen tiempo la pobre de Patricia sufrió los rigores del encierro y soledad con sus pensamientos, los médicos que la atendían le aconsejaban que tratara de hacer las pases por los menos con su madre para luego tener la oportunidad de ver a sus pequeños hijos nuevamente, y desde luego que debía de solucionar su relación sentimental pues esto era la principal causa de sus dolencias físicas y mentales.
Un domingo que recibió la visita de Gilberto le comunico su decisión de terminar con él, pues realmente sentía que ya no lo quería y lo que en ese momento deseaba con todo su corazón era regresar al hogar materno.Pasados algunos días a la joven mujer la visitó su madre quién después de algunas recriminaciones accedió a permitirle ver a sus pequeños cuando le dieran de alta del sanatorio mental, con la condición de dejar su aventura amorosa y llevar una vida ejemplar, ella acepto de buena gana prometiendo que hablaría con Gilberto y dejaría todo aclarado el día que viniera a recogerla.
Gilberto fue notificado por el hospital de la mejoría de la dama y al mismo tiempo la fecha de salida del recinto hospitalario, la recogería el domingo a las diez de la mañana, él estaba muy nervioso pues la cosas no estaban saliendo muy bien, tenia de nuevo trabajo pero estaba muy distanciado de sus amigos, se sentía muy deprimido y la ausencia de Patricia aumentaba su angustia; el saber que la tendría de nuevo lo animaba un poco, pero sabia que la mujer no estaba del todo bien y además su madre la estaba aconsejando y a él no lo podía ver ni en pintura, en esas condiciones se preguntaba:
¿y si Patricia no quiere volver conmigo para donde cojo?
Habría que pensar en una solución y bien rápido.
Acudió raudamente a recoger a su amada con un semblante sombrío, en su interior sabia que de pronto las noticias no serian buenas del todo, la invitaría a desayudar en un buen restaurante y allí hablaría del futuro inmediato ¡ojala todo salga bien! Pensaba el angustiado hombre.
Cuando se encontraron se fundieron en un gran abrazo, alguna lágrima rodó por la mejilla de la muchacha, él la observaba cautelosamente, definitivamente estaba muy cambiada, delgada, pálida, parecía que hubiera envejecido muchos años, no era ni sombra de aquella bella y alegre mujer de hace unos meses, el sufrimiento era más que evidente; salieron tomaron un taxi y se dirigieron al restaurante escogido para desayunar y hablar.
-¿Cómo te encuentras, estás bien? Pregunto Gilberto
-Muy bien le respondió despectivamente.
La respuesta era como un baldado de agua fría, a Gilberto se le puso la sangre helada.
-¿Qué te pasa porque estás como ausente?-
No Gilberto… no me pasa nada, lo único que quiero es que arreglemos las cosas, que podamos llevar de nuevo una vida normal, los errores se pagan y yo los estoy pagando con creces, ya no aguanto más; estamos recogiendo lo que sembramos... ¡el rencor de tanta gente que le hicimos daño!
-Ya no quiero sufrir más, necesito mis hijos a mi lado; sencillamente no puedo vivir sin ellos y la única forma de tenerlos es separándonos definitivamente.
Hasta aquí llegamos por favor entienda y así como nos fuimos debemos regresar…Gilberto, como que no creía lo que oía, lo estaba dejando y se veía muy segura, él sentía que la amaba intensamente, por todos los medios trato de hacerla cambiar de opinión, le ofreció está vida y la otra pero la muchacha seguía firme en su decisión, terminarían y ella se iría a vivir con su madre era la condición que su ex marido había impuesto para dejarle los niños a su lado, ambos lloraban como bebés, pero no había marcha atrás, se terminaba la relación hasta aquí llegaban, en adelante cada uno por su lado.
El mesero llego con el pedido, pero el ambiente era tenso para poder comer, de repente Gilberto, se paro y fue al baño, cuando regreso caminaba lentamente, estaba exhausto...pálido, tenso y sudoroso; tomo a la mujer de la mano y le preguntó:
¿Entonces qué?
¿Me dejas?
-Definitivamente mi amor... es mejor así, respondió.
De repente se escucho en el restaurante, pum…pum…Al acudir el mesero sólo encontró dos cuerpos doblados sobre la mesa, a su lado había una nota que decía:¡si el amor no nos unió para siempre, la muerte si!
Gilberto.
Fin
Escrito por:
Raúl Bernal Samudio.
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Publicado por simonpetrus para El Rincón de Simonpetrus el 1/15/2009 11:23:00 AM
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