Una mano que se estrella, sobre una espalda desnuda, que antes acariciaba. Una mujer quieta, menuda, a merced de la fuerza que, paralizada se ofrece. Unos brazos que angustiados se mecen hacia ambos lados. Golpe tras golpe, se esparcen los rencores de un ayer errado, los errores, de todo un pasado. Tras ellos, el silencio de una queja que muere, antes de surcar el espacio. Unos dientes, qu…
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