
-Es necesario ponerse al trasaire-, anunció la anciana que guiaba el grupo de niñas entre las montañas. Los hombres rodeados de niños y ancianos, la miraban en todos sus movimientos. Respondían a sus gestos, más que a las palabras. Éstas a penas les llegaban. Las mujeres no necesitaban ni gestos ni palabras. Recibían el mensaje desde las raíces que la tierra albergaba. Habían llegado a ese estado…
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